Cíes… de ruta por el paraíso

Alguien dijo en una ocasión que los vigueses nacen con el reflejo de las Cíes en los ojos y crecen aprendiendo a dibujar su silueta.

Las Cíes recortándose en el horizonte, vistas desde la playa de Samil

Vigilan la entrada a la ría de Vigo y junto a las islas de Ons, Sálvora y Cortegada forman el Parque Nacional de las Islas Atlánticas y son uno de mis lugares favoritos.

El archipiélago de las Cíes está formado por tres islas y varios islotes más pequeños. Las islas se llaman Isla de Monteagudo o del Norte, Isla del Faro o del Medio, e Isla de San Martiño o del Sur. Las dos primeras, están unidas de forma natural por el Arenal de Rodas y artificialmente por un pequeño dique. La Isla de San Martiño o del Sur está separada de las anteriores por el estrecho Freu da Porta.

La vertiente Este de las islas, que da a la Ría de Vigo, es de relieves suaves, con arenales y dunas, en tanto que la vertiente Oeste, que mira hacia el Atlántico, es muy abrupta y rocosa, con acantilados donde el mar rompe con fuerza.

Mapa topográfico de Cíes 

Siempre que se me presenta la oportunidad de visitarlas “fuera de temporada”, procuro hacerlo porque, aunque en los meses de verano también son un lugar ideal para pasar el día o incluso acampar, lo cierto es que se disfrutan de otro modo cuando la afluencia de visitantes es mínima.

Hace unos días tuve la fortuna de recorrer de nuevo, y por primera vez este año, sus senderos. Una ruta enfocada, sobre todo, a la observación de fauna y flora de la isla del Faro, espléndidamente guiada por expertos en el tema.

Desde el barco, minutos antes de atracar

Desde el barco, minutos antes de atracar

El itinerario elegido nos llevó desde el muelle hasta el observatorio de aves próximo al “alto da Pedra da Campá”, en un agradable paseo de algo menos de tres kilómetros.

A pié de muelle el arenal de Rodas te recibe en todo su esplendor. Una espectacular media luna de arena blanca y fina. La catalogada por el diario británico The Guardian en 2007 como la mejor playa del mundo no defrauda al que la visita.

Playa de Rodas

Playa de Rodas

Comenzamos a caminar por la pasarela de madera que preserva a las dunas de nuestras pisadas. Las dunas son un fascinante y también delicado ecosistema que contribuye al equilibrio de la playa y que conviene proteger con esmero. Viven en ella valiosas especies perfectamente adaptadas al viento, a la insolación, a la sequía, en definitiva a la dura vida en la arena. Muchas de ellas son endémicas de este litoral y, como muy bien nos explicó nuestro guía, algunas son verdaderas “joyas”, como la “Herba de namorar” (Armeria pungens), de la que sólo podemos encontrar en Cíes su presencia a nivel de Galicia e incluso del norte de España.

Complejo dunar Figueiras-Muxieiro

Complejo dunar Figueiras-Muxieiro

Continuamos la ruta y al llegar a la caseta de información tomamos el sendero de la izquierda, que nos conducirá al “Lago dos nenos” y al dique que une las dos islas. Este dique nos permite contemplar la fauna marina de forma directa, como si de un gran acuario se tratara. En él podemos observar, si la visibilidad del agua lo permite, una gran variedad de peces, crustáceos y algas, toda una muestra de la gran riqueza ecológica que albergan estas aguas.

"Lago dos nenos" y dique

“Lago dos nenos” y dique

Cruzamos el dique y ya situados en la isla del Faro, seguimos la senda que nos acerca al camping.

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Siempre ascendiendo , aunque en leve pendiente, nos vamos acercando al cruce principal de esta isla, a la altura de la playa de “Nosa Señora”. Conviene aquí hacer una pausa y dejar que los ojos se recreen en los azules y turquesas del agua y contemplar la silueta de la isla de San Martiño.

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El sendero zigzaguea ahora entre una espesa arboleda. Es en esta zona donde mejor se aprecian las alteraciones padecidas por estas islas debidas a las actividades humanas. En los años cincuenta, por ejemplo, se introdujeron especies alóctonas e invasoras como el eucalipto, la acacia o el pino que alteraron profundamente la vegetación original. En la actualidad se están llevando a cabo actuaciones para erradicar estas invasoras y devolver a las islas su aspecto anterior, pero son trabajos costosos y delicados que necesitan su tiempo, no se puede entrar “a saco” a talar indiscriminadamente dejando la tierra expuesta a la erosión. Los resultados de estos trabajos probablemente no serán evidentes hasta dentro de unos años.

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A medida que continuamos subiendo, los árboles van dando paso a una vegetación de espesos matorrales de tojo y jara. Siguiendo las indicaciones, nos dirigimos hacia la “Pedra da Campá”, curiosamente horadada por la fuerza del viento atlántico cargado de salitre.

Pedra da Campá

Pedra da Campá

Sólo nos faltan unos 100 m para llegar a nuestro destino, el observatorio de aves, desde el que podremos observar a las miles de gaviotas que anidan en estos acantilados impresionantes y, con algo de suerte, a los cormoranes que eligen las zonas más próximas al mar para construir sus nidos.

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La colonia más grande del mundo de gaviota patiamarilla está en estas islas!

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Una última mirada, antes de desandar el camino y regresar al muelle, de las hermosas vistas que se nos ofrecen desde este punto.

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Se han iniciado los trámites para conseguir que las Islas Cíes sean declaradas por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad.

Soy de la opinión de que para conservar algo hay que darlo a conocer y ponerlo en valor. Yo apoyo la iniciativa pero, independientemente de que se consiga o no la candidatura, os invito a conocer este paraíso y a que lo disfrutéis con el respeto y la admiración que merece.

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