Un corto viaje a París

A modo de necesario prólogo.

Estaba empezando a redactar esta entrada sobre mi viaje a París cuando se produjeron los terribles atentados que todos conocemos. Os confieso que no me fue nada fácil terminar de editarla porque la noticia me encogió el corazón. Con vuestro permiso me gustaría expresar desde aquí un deseo… que la tierra les sea leve a las víctimas y los suyos hallen pronto el consuelo. Toda mi solidaridad con ellos y con todos los que sufren la violencia abominable de la barbarie terrorista y de la guerra, porque esta vez le ha tocado a París, pero no olvidemos que todos los días el reguero de sangre inocente no cesa por culpa de la sinrazón, de la ambición desmedida, del fanatismo y de la despiadada violencia.

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¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París?

Esta pregunta, que se formula en la película de Disney “Ratatouille”, resume perfectamente la sensación que uno experimenta al pisar París por primera vez. Sí, es una ciudad para soñar, para disfrutar, para sorprenderse y … para estar en forma!

Cuando nos planteamos este viaje fuimos muy conscientes de que tendríamos que ser selectivos. París es una ciudad repleta de maravillas y demasiado grande para pretender abarcarla en tan sólo cuatro días, así que preparamos minuciosamente nuestros objetivos a visitar y, mapa en mano y con calzado cómodo, nos lanzamos a la aventura.

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Día 1

Llegamos al centro de la ciudad desde el aeropuerto a media tarde del 9 de octubre, y como nuestro hotel está bastante bien situado, dejamos el equipaje y enseguida salimos a explorar la ciudad. Sabemos que los viernes, el museo del Louvre prolonga su horario de visita hasta las 22:00 horas, así que decidimos emplear buena parte de la tarde en él.

De camino hacemos la primera parada y las primeras fotos delante de Los Inválidos, un grandioso conjunto arquitectónico construido bajo el reinado de Luis XIV. El complejo acoge dos iglesias, la del Dôme y la de Saint Louis des Invalides y tres museos.

Continuamos nuestro camino y tras cruzar el hermoso puente de Alexandre III, llegamos a la Plaza de la Concordia, posiblemente la plaza más famosa de París, situada al comienzo de los Campos Elíseos, en cuyo centro se levanta el Obelisco de Lúxor.

Atravesamos los Jardines de Tullerías y ante nosotros aparece El Arco de Triunfo del Carrusel y justo detrás el impresionante Museo del Louvre que nos deja sin palabras. No es de extrañar, ya que no sólo se trata de una edificación colosal, es también el museo más grande y más visitado del mundo. Accedemos a su interior a través de la gran pirámide de vidrio y aluminio de su entrada principal.

Es imposible abarcar en unas pocas horas el abrumador patrimonio artístico que el Louvre atesora, se necesitarían varios días para detenerse mínimamente a contemplar cada obra, así que lo tuvimos en consideración y elaboramos una lista de “nuestros imprescindibles”. En nuestra visita de algo más de tres horas tuvimos suerte irregular. El aspecto positivo fue que no encontramos ni colas ni aglomeraciones como teníamos previsto, por lo que acertamos en el día y horario de visita. En lo negativo señalar que toda la segunda planta estaba cerrada al público por obras, con lo cual se redujo una parte de nuestra lista 😦 pero… no hay mal que por bien no venga y pudimos disfrutar con más calma de nuestros objetivos y ver mucho más de lo que pensábamos 🙂

Algunas de las maravillas de la planta baja:

Unas cuantas joyas de la primera planta:

Desde luego hemos disfrutado mucho esta visita, el Louvre es un magnífico museo!

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Día 2

Iniciamos nuestro segundo día parisino visitando su símbolo indiscutible, la Torre Eiffel. Las interminables colas nos disuaden de la idea de subir a sus tres niveles y nos conformamos con fotografiarla a placer y admirarla de camino al siguiente punto de interés del día.

Cruzamos el Sena por el Pont d´Iéna y recorremos la avenida New York hasta la plaza del Almá. Justo al lado del puente del mismo nombre nos tropezamos con  la “Llama de la Libertad”, réplica a tamaño real de la llama de la estatua neoyorquina. Este monumento, conmemora la amistad franco-americana y agradece a Francia la restauración de la famosa estatua.

 

 

 

 

 

 

Continuamos por la glamurosa avenida George V, la calle que alberga las tiendas más exclusivas y lujosas de París. Grandes firmas del mundo de la moda comparten acera con palacios, restaurantes y hoteles de lujo. La recorremos en su totalidad hasta desembocar en la avenida de los Campos Elíseos y dirigirnos al Arco de Triunfo.

La panorámica desde su cima merece el esfuerzo de subir los 241 escalones! 😛

Decidimos seguir nuestro trayecto por la avenida de los Campos Elíseos hasta llegar a la plaza de la Concordia y desde allí acercarnos a la Iglesia católica de la Magdalena, de estilo neoclásico. Llama la atención ya que su exterior presenta la forma de un templo clásico de la antigua Grecia rodeado de columnas de estilo corintio.

Tras tomar un ligero almuerzo en las inmediaciones de la plaza Vendôme, seguimos camino hasta el Palacio Real y allí decidimos tomar el metro hasta la parada Denfert Rochereau que nos acercará a nuestra siguiente visita, las Catacumbas de París. Si estáis decididos a visitar las catacumbas deberéis tener en cuenta algunas recomendaciones, a saber: lo más probable es que encontréis cola, ya que las entradas solo se venden in situ. El acceso no es fácil, son 130 escalones de bajada y 83 de subida, una temperatura de unos 14º, bastante sensación de humedad, suelo en ocasiones resbaladizo y 2 km de pasadizos que a veces se hacen claustrofóbicos. Se desaconseja la visita a las personas que sufren insuficiencia cardíaca o respiratoria, a las personas sensibles y a los niños, y no son accesibles para personas con movilidad reducida. No os voy a engañar… la visita es muy interesante, pero si sois fácilmente impresionables mejor prescindir de ella.

La noche va imponiéndose poco a poco y el cansancio y las ganas de disfrutar tranquilamente de una buena cena nos sugieren que vayamos rematando la jornada, pero queremos hacerlo del mismo modo que la empezamos, así que tomamos el metro en la famosa Plaza de la Bastilla con dirección al Campo de Marte, para disfrutar de la Torre Eiffel totalmente iluminada. 🙂

Nuestro segundo día en París nos ha cundido y lo hemos disfrutado mucho! 😀

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Día 3

Iniciamos nuestro tercer día en París visitando a primera hora de la mañana el Museo d’Orsay. Junto al Sena, con motivo de la Exposición Universal de 1900, se construyó una estación ferroviaria que funcionó como tal hasta 1939. Luego tuvo diversas funciones (incluso sirvió como plató de cine de algunas películas) hasta que en 1986 se convirtió en un museo de, yo diría obligada visita para todo aquel que se acerca a París.

Esta magnífica pinacoteca muestra la escultura, pintura, artes decorativas y fotografía de occidente desde 1848 a 1914. Acoge la mayor colección de obras impresionistas del mundo. A lo largo de sus tres plantas podréis disfrutar de verdaderas obras maestras de la pintura y la escultura.

En la última planta del museo, tras visitar la galería impresionista, os recomiendo que os toméis algo en el Café Campana, merece la pena sentarse un momento a disfrutar de su diseño imaginativo y “regalarse” con alguna exquisitez como broche de oro a la visita a tan extraordinario museo.

Un museo imprescindible 🙂

Tras la visita al ‘Orsay nos encaminamos hacia la iglesia Saint Germain des Prés. Comenzada su construcción en el siglo VI, es la iglesia más antigua de París. Una de sus naves, la más hermosa, es el único vestigio de arte románico que se conserva en la ciudad.

Tras pasar por delante de la hermosa fuente de San Michel, cruzamos el puente que nos sitúa en la Île de la Citê y visitamos Notre-Dame, una de las catedrales góticas más antiguas del mundo y cita ineludible para todo el que viaje a París.

Una breve visita al Hôtel de Ville, sede del ayuntamiento de París y al Centro Georges Pompidou antes de tomar de nuevo el metro hasta el siguiente objetivo.

Nos dirigimos en metro hasta la parada de Anvers y tomamos el funicular de Montmartre, en lo alto de su colina se levanta la imponente basílica del Sacré Coeur. Después de Notre-Dame es, según las cifras, el monumento más visitado de París. Diseñada por Paul Abadie a partir de 1875, su arquitectura es de estilo romano-bizantino, tiene forma de cruz griega y está adornada por cuatro cúpulas, la central ofrece una panorámica impresionante de la ciudad. Los mosaicos que recubren los techos de su ábside son los más grandes del mundo.

Emile Zola refiriéndose a esta basílica escribió: “esta mole blancota dominaba aplastante ese París de donde había salido la revolución”. Subir a la cúpula central del Sagrado Corazón tiene su recompensa, siempre y cuando los casi 300 peldaños de su estrecha escalera de caracol no nos desanimen. Entendéis ahora por qué os decía al principio que París es una ciudad para estar en forma? 😛

En nuestra visita tuvimos la fortuna de coincidir con la Fiesta anual de la vendimia de Montmartre, toda un festival en el que destaca su feria gastronómica que ha sido bautizada con el sugerente nombre de Parcours du Goût (Ruta de los sentidos). Numerosos puestos de degustación de todo tipo de productos artesanales y locales: vinos, champagnes, cervezas, licores, quesos, patés, embutidos, ostras, caracoles, chocolates, crepes, dulces… en fin, os podéis imaginar nuestra estupenda “cena de picoteo” de ese día 😉

Montmartre es un barrio con verdadero encanto bohemio, que invita a perderse por sus callejuelas.

Y terminamos la jornada bajando por el mítico bulevar Clichy hasta el Moulin Rouge, histórico cabaret mundialmente conocido.

 

 

 

 

 

 

Ha sido un día intenso y genial 🙂

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Día 4

Último día en París. Como nuestro vuelo de regreso sale tarde, tenemos la intención de aprovechar la mañana. Volvemos a primera hora a Notre-Dame, para visitar sus torres y sus famosas gárgolas, ya que no tuvimos ocasión de hacerlo el día anterior. Contemplar su arquitectura gótica con bóvedas ojivales, las gárgolas y la galería de las quimeras, el campanario y la famosa campana Emmanuel y deleitarnos con la impresionante vista desde lo alto de las torres, compensa la subida de los 402 escalones! 😛

A escasos doscientos metros de Notre-Dame nos encontramos con la bellísima iglesia gótica de San Severín, que junto con la de San Germain des Pres es una de las más antiguas de París. Llama la atención la ausencia de crucero en esta iglesia de raíces medievales, su forma es la de un rectángulo que finaliza en un ábside circular. Posee unas magníficas vidrieras y su espigada torre alberga las campanas más antiguas de la ciudad.

El último monumento que visitamos es el Panteón, una iglesia transformada en necrópolis que acoge las tumbas de célebres personalidades de la historia de Francia como Voltaire, Victor Hugo, Zola, Marie Curie, entre otros.

El colofón a este estupendo viaje lo realizamos por el Sena, gracias a su excelente servicio de Batobus. Un agradable paseo circular que os recomiendo encarecidamente. La mejor manera de disfrutar de los puentes parisinos.

También pudimos ver desde el barco la exposición “Un sueño de Humanidad”, organizada por ACNUR, con fotos realizadas por el fotoperiodista Reza. Fotos gigantes que cubren los muros a lo largo del Sena en una panorámica de 370 metros de largo que invita a reflexionar sobre la situación de los refugiados. Incluye siete palabras clave traducidas a idiomas de todo el mundo:  respeto, paz,solidaridad, amistad, dignidad,hospitalidad y esperanza.

Son muchos los lugares en esta ciudad donde se puede comer o cenar muy bien y a un precio razonable, yo os voy a recomendar un par de ellos: el Café Central y La Terrasse.

París, una maravillosa y acogedora ciudad a la que volveremos, sin duda. Esta entrada se la dedico a Andrés y María que me acompañaron en este viaje. Gracias a los dos por las risas, por la complicidad, por la paciencia y por ser unos extraordinarios compañeros en esta aventura.

“No hay camino para la paz, la paz es el camino” – Gandh”

Jean Jullien

Jean Jullien

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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5 thoughts on “Un corto viaje a París

  1. Felicidades por el viajecito, corto pero como se ve… dio para mucho, también por el reportaje y la documentación gráfica; impresionante. Después de mi extraña visita a París (algo para contar cuando llegue tarde a clase, jejejejejejeje) me quedo con la sensación de que los humanos somos muy, muy, muy pequeños.

    Gracias por compartir tu viaje con todos nosotros.

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