El sabroso caldo de la abuela Cándida

Supongo que a todos los que participamos en el reto nos sucede algo parecido. Siempre aguardo con impaciencia y curiosidad, el correo electrónico que contiene el ingrediente a emplear para la iniciativa de cada mes en La Cocina TS. Es divertido pensar y posteriormente elaborar una receta que se ciña a la propuesta del anfitrión del mes. Esta vez nos hemos llevado una pequeña sorpresa, ya que han decidido provocar una pacífica pero apasionante batalla culinaria, y para hacerla aún más atractiva podemos escoger entre, nada menos que diez ingredientes! y publicar nuestra receta bajo el hashtag #guerradeanfitrionesTS. 😀

 Pinchando en el logo podéis ver el resto de recetas participantes en la “batalla” 😉

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Hacía tiempo que quería publicar la receta del caldo de mi abuela Cándida, y vi en esta iniciativa la ocasión perfecta para hacerlo, ya que cuenta entre sus ingredientes con dos de los que aparecen en la lista: patatas y legumbres. La abuela Cándida enseñó a mi madre a hacer el caldo y ella me ha enseñado a prepararlo a mí. Es un plato pues, que ha estado y sigue estando muy presente en las mesas de mi familia. Conviene aclarar que este caldo puede hacerse de varias maneras, dependiendo de lo que queramos incorporarle. La base siempre serán las patatas, las alubias, el unto y la verdura, y aparte podemos enriquecerlo con la carne que más nos apetezca. Con respecto a la verdura, podéis elegir la que sea de vuestro agrado dependiendo de la temporada, lo habitual es hacer el caldo con repollo, nabizas, grelos o berzas. Yo he utilizado los brotes más tiernos de la berza, que aquí llamamos “guichos”. Hoy os presento la versión más “contundente” de la receta, la que más veces he visto preparar a mi madre, y la que recuerdo de niña ver servida por mi abuela en la casa de la aldea.

Aquí tenéis los ingredientes para su elaboración, cantidades para unos 6 comensales más o menos:

  • Unos 250 gr de alubias blancas.
  • Seis patatas medianas.
  • Dos manojos de guichos de berza.
  • Una nuez de unto.
  • 150 gr de tocino o panceta.
  • Unos 200 gr de carne de ternera (pecho, por ejemplo).
  • Un hueso de espinazo de cerdo salado.
  • Una manita de cerdo salada.
  • Una oreja de cerdo salada.
  • Un chorizo.
  • Aceite de oliva y sal.

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Lo primero que haremos será poner a remojo las alubias la noche anterior, y también la manita abierta por la mitad, la oreja y el hueso de espinazo a desalar.

El día de autos pondremos al fuego una cazuela amplia con abundante agua, y echaremos dentro las alubias y toda la carne, excepto el chorizo. Llevamos a ebullición y espumamos de vez en cuando.

Mientras tanto podemos ir limpiando y preparando la verdura, que incorporaremos a la cazuela pasada más o menos una media hora de cocción, cuando las alubias empiecen a estar blandas.

Dice el refranero que “caldo sin unto, no está en su punto”, toca ahora añadirlo siguiendo el “truco” familiar. Normalmente se suele incorporar directamente, pero en casa preferimos pasarlo por la sartén con una gotita de aceite de oliva, hasta que prácticamente se deshace. Toda esa grasita que suelta es la que incorporamos a la cazuela, añadiendo también el chorizo.

Ya lleva nuestra caldito algo más de una hora haciendo “chup,chup” sin prisa pero sin pausa. Es hora de pelar y “escachar” las patatas, y una vez limpias añadirlas al caldo y sazonar.

Y ya sólo nos queda aguardar a que las patatas estén cocidas para obtener un delicioso y reconfortante plato de caldo. A la hora de servir, ponemos la carne en una fuente aparte para que cada comensal se sirva a su gusto.

En apenas un par de horas hemos obtenido un plato único y lleno de sabor 🙂

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Me apetecía mucho hacer un pequeño homenaje a mi abuela. Una hermosa mujer llena de bondad, a la que tuve la suerte de disfrutar durante mi infancia y buena parte de mi juventud. A finales de los años veinte, siendo muy jovencita, emigró a Buenos Aires junto a mi abuelo como muchos otros en busca de mejor fortuna, dejando a su primer hijo, apenas un bebé, al cuidado de la familia en la aldea. Supongo que fueron años duros para ella, separada de los suyos, pero supo aprovecharlos. Allí entre otras cosas, aprendió a cocinar maravillosamente, y regresó siete años después a su aldea natal de Lugo convertida en una mujer aventajada para su época. Recuerdo especialmente su buena mano con la repostería, pero sobre todo recuerdo su sensatez, su bondad y su sonrisa perenne. Y atesoro y agradeceré siempre los sabios consejos que recibí de su parte. ❤

“El sabroso caldo de la abuela Cándida” también está disponible en audio en iVoxx
Ir a descargar

 

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33 thoughts on “El sabroso caldo de la abuela Cándida

  1. Un caldo para revivir. Me encanta y tu abuela estará contenta no hay que perder las buenas costumbres y los platos de raíces que hay una generación, la del congelado, que no sabe hacer ni un huevo frito. Menos mal que aquí estamos todas nosotras intentando que no se pierda la memoria gastronómica. Un beso

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  2. Sólo con ver la foto me he trasladado rápidamente a terras galegas, y al parecer no me he equivocado.
    Bonito homenaje a tu abuela que, como todas nos dieron los mejores consejos.
    Preciosa entrada, me ha encantado…

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  3. Ignoro como se me ha podido pasar esta entrada, Marieta, es un auténtico tesoro. Es maravilloso cómo quedan en nuestros recuerdos los sabores y aromas de la cocina de nuestras madres y abuelas. Te doy las gracias por compartirla e intentaré hacerla porque tiene toques que lo diferencian del pote asturiano.
    Buen fin de semana.
    Un fuerte abrazo.

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