Dos días en Moscú

Cuando estábamos planeando nuestro viaje a San Petersburgo, surgió la idea de reservar un par de días para visitar Moscú. Éramos conscientes de que dedicar tan poco tiempo a una ciudad tan colosal, implicaría planificar muy bien nuestros objetivos, y sería imposible abarcar todo lo que nos gustaría ver. Pero… ¿cómo resistir la tentación de pasear por la Plaza Roja, viajar en su famoso metro, o admirar in situ la catedral de San Basilio, por ejemplo?, así que nos pusimos a calcular distancias, horarios  y transportes y ¡nos lanzamos a la aventura! 🙂

Finalmente optamos por el tren. En la agencia nos recomendaron para la ida el tren nocturno que partía de San Petersburgo a las 23:55, y fue una experiencia estupenda. Por un precio muy razonable disfrutamos de un precioso compartimento doble muy cómodo, cena a la carta, atención esmerada en todo momento por parte del personal del tren, desayuno exquisito y abundante, y puntualidad absoluta. A las 07:55 estábamos en la estación Leningradskiy de Moscú.

Tras dejar el equipaje en el hotel, nos dirigimos a la cercana calle Tverskaya, la avenida principal y más conocida de Moscú, y también la más antigua.

Llegamos a la Plaza del Manège y nos detenemos ante la estatua ecuestre del mariscal Zhúkov, a sus espaldas el imponente edificio del Museo Estatal de Historia.

El “kilómetro cero” de Moscú, representado por una placa de bronce en el suelo, es el lugar para la foto típica. La leyenda dice que si te sitúas en él y lanzas una moneda por encima del hombro volverás a la ciudad (y nosotros lo hicimos, por si acaso funciona, jejejee) 😀

Está justo delante de la Puerta y Capilla Ibérica, también llamada de La Resurrección, que sirve de entrada a la Plaza Roja.

La grandiosa Plaza Roja aparece ante de nosotros dejándonos boquiabiertos.

La recorremos despacio admirando sus dimensiones, no es de extrañar que aquí pudiese aterrizar una avioneta a finales de los ochenta. Al fondo de la plaza nos aguarda uno de nuestros objetivos primordiales a visitar, La Catedral de San Basilio. El nombre auténtico del monumento más fotografiado de la ciudad es el de Catedral de la Virgen de la Intercesión. Construida a mediados del siglo XVI por orden de Iván IV el Terrible para conmemorar la conquista de Kazán y la victoria frente a las hordas tártaras.

Esa mañana tuvimos la fortuna de escuchar durante el recorrido por su interior, un coro de maravillosas voces masculinas que hizo aún más mágica nuestra visita 🙂

En su interior, de extrañas perspectivas y colores, visitamos las capillas y el alto campanario, que forman una planta de cruz griega inscrita en un cuadrado. Los frescos del siglo XVI que decoran sus paredes son una maravilla, así como sus cúpulas de sólidas y atrevidas combinaciones de nervios.

Aprovechando que se acerca la hora de comer nos encaminamos al GUM, el centro comercial más elegante y exclusivo de Rusia. El impresionante edificio es un maravilloso ejemplo de la arquitectura burguesa rusa, sólo por eso ya merece la pena su visita. Construido entre 1890 y 1893, ha tenido diferentes usos a lo largo de su historia: aparte de grandes almacenes, Stalin lo utilizó para albergar sus oficinas, y tras la muerte de su esposa lo convirtió en su mausoleo. En 1953 el estado ruso le devolvió su uso comercial, siendo hoy en día un punto de gran afluencia turística, donde se alojan las tiendas de las marcas más lujosas.

Preciosos escaparates, luminoso techo de cristal que invita al paseo, pasillos interrumpidos por una fuente dorada y salpicados de pintorescos quiosquillos de madera en los que se vende artesanía, pañuelos, souvenirs, muñecas y un sinfín de cosas más. En la planta superior numerosos locales de restauración y precios para todos los gustos, invitan a la pausa para comer o tomar algo.

Después de comer, y ya que seguimos en la Plaza Roja, decidimos visitar el interesante Museo Estatal de Historia, pero antes entramos un momento en la iglesia ortodoxa de Nuestra Señora de Kazán para admirar su interior. La edificación actual es una reconstrucción de la iglesia original del siglo XVII.

El Museo Estatal de Historia, es el museo más antiguo de Rusia. Ocupa un espectacular edificio de ladrillo rojo, y cierra el lado norte de la plaza. Se construyó entre 1875 y 1881 según las trazas diseñadas por el arquitecto inglés Vladimir Sherwood.

Desde sus orígenes albergó un inmenso conjunto de piezas destinadas a mostrar la historia de la antigua Rusia. En la actualidad tiene como objeto la historia de Rusia entre la prehistoria y la II Guerra Mundial. Sus fondos están compuestos por más de cuatro millones de objetos, de los que se exponen unas 300.000 piezas repartidas entre sus 57 salas.

Si vais a  Moscú, un recorrido en metro por algunas de sus preciosas estaciones se hace imprescindible, os lo recomiendo absolutamente. Nosotros visitamos varias, algunas en la línea 2 (verde) y 3 (azul), aunque la mayoría de las fotos corresponden a estaciones de la línea circular 5 (marrón). Os dejo aquí el mapa de las diferentes líneas y estaciones. Gran parte del metro fue proyectado en tiempos estalinistas, en la década de los treinta. La primera línea de metro tenía 11 kilómetros, se terminó en 1935 y las obras duraron dos años. En 1938 se hizo la segunda línea, pero las mejores estaciones son las de la década de los cincuenta.

Al igual que sucediese en San Petersburgo al caer la noche, pudimos comprobar que en Moscú también iluminan la ciudad de una forma maravillosa.

Terminamos así nuestra primera jornada en esta impresionante ciudad. 🙂

Día 2

Dispuestos a apurar al máximo nuestro último día en Moscú, madrugamos para que la mañana nos cunda y nos dirigimos primero a la Plaza Teatral. Una de las plazas principales de la ciudad. Alrededor de ella se han construido dos de los teatros más importantes de Rusia. El famoso Bolshoi, el más célebre del mundo en cuanto a representaciones de ballet se refiere, construido entre 1821 y 1824. Y el teatro Mali, un precioso edificio construido en 1824 siguiendo el modelo del Teatro de la Comedia Francesa de París. El centro de la plaza está presidida por un busto esculpido en un solo bloque de granito de Carlos Marx. En la parte central del bloque se lee en ruso la consigna que se convirtió en lema internacional: ¡Proletarios de todos los países, uníos! 

Muy cerca de la Plaza Teatral encontramos otros edificios interesantes, como por ejemplo los almacenes Tsum, otro emblemático centro comercial inaugurado en 1880 por unos comerciantes escoceses.

Y en la cercana plaza Lubianka encontramos el enorme edificio que sirvió de cuartel general a la KGB.

Y casi al lado, el centro comercial preferido por los niños, el “Detsky mir central”, unos grandes almacenes concebidos sobre todo para los más pequeños de la casa.

Desde su azotea se puede contemplar una magnífica vista de la ciudad.

Nos dirigimos después al Kremlin. Dos kilómetros de murallas de los que emergen veinte torres. Esta ciudad dentro de la ciudad, se construyó sobre una colina y constituye el corazón de Moscú, enmarcado por la Plaza Roja, el río Moscova , y los Jardines de Alejandro.

En estos jardines, frente al muro del Kremlin, se encuentra la Tumba del soldado desconocido. Inaugurada en 1966 para conmemorar el 25 aniversario de la victoria soviética en la Batalla de Moscú. En el centro del monumento hay una lápida con una estrella de bronce de cinco puntas, en el centro de la misma arde La llama eterna. En la lápida hay una inscripción que dice: “Tu nombre es desconocido, tu hazaña es inmortal”

La Plaza de las Catedrales es la zona del Kremlin más concurrida por los turistas. Alberga cuatro catedrales, todas ellas visitables: la catedral de la Anunciación, la Catedral de la Asunción, la Catedral del Arcángel y la Iglesia de la Deposición del Manto de la Virgen.

Próximo a la plaza, descubrimos el Cañón del Zar. Fundido en 1586, sus cuarenta toneladas de bronce lo convierten en el cañón más grande del mundo, y el menos utilizado, ya que nunca llegó a dispararse. Otro elemento curioso es la enorme Campana de la Zarina, fundida entre 1733 y 1735, estaba destinada a ser colgada en lo alto del Campanario de Iván el Terrible. Con sus 6,14 m de altura, sus 24 toneladas, y sus 6,6 m de diámetro capaces de albergar a más de veinte personas, nunca pudo repicar. Cuando se estaba izando a lo alto de la torre, el andamio sufrió un incendio que provocó la caída y rotura de la misma. Aunque la versión más razonable es que se quebró cuando el foso de fundición fue inundado por el agua empleada en apagar el incendio.

Con sus imponentes edificios, torres, jardines y catedrales, el Kremlin constituye sin duda una visita imprescindible.

Otro lugar curioso que teníamos anotado en nuestra libreta de “visitar” era el Mercado de Izmailovo. Se trata del gran mercado moscovita que se monta en el parque Izmailovski, y que los fines de semana se llena de puestos en los que se vende de todo, ¡pero de todo!. Aquí puedes encontrar libros, iconos, cerámica, antigüedades, joyas, juguetes, ropa… que sé yo. Algo así como el Rastro madrileño pero a lo bestia. Desde pieles de oso, las populares matrioshkas de todo tipo, hasta trajes de astronauta, es también un buen sitio para comprar cosas de la época soviética. Eso sí… imprescindible tener cierta habilidad en el regateo 😉

Apuramos nuestras últimas horas en Moscú recorriendo la que posiblemente sea su calle peatonal más turística, la calle Arbat. Plagada de tiendas, puestos o quioskos variados, muchos sitios para comer o tomar algo, y numerosos artistas callejeros.

Al final de la calle Arbat nos encontramos con uno de los impresionantes rascacielos estalinistas, el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Terminamos nuestra aventura junto al río Moscova, echando un último vistazo a esta hermosa ciudad que nos ha maravillado. A la mañana siguiente tomaríamos el tren rápido de vuelta a San Petersburgo.

Mi agradecimiento sincero y cariñoso a Nadejda Fedorova por haber sido para nosotros una guía excepcional y generosa en nuestro segundo día en Moscú. 🙂

Y esta entrada va dedicada como siempre a mis compañeros de viaje, los mejores del mundo mundial: María, siempre con la sonrisa puesta, puro entusiasmo y buen rollo. Y Andrés, mi debilidad, un tipo estupendo que hoy además ha estado de cumpleaños. ¡Muchas felicidades corazón! 🙂

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