Desde la playa de Soesto al puerto de Santa Mariña: quinta etapa del “Camiño dos faros”

Tenemos una nueva y estimulante etapa que afrontar, nos aguardan algo más de 20 kilómetros por delante, así que después de un espléndido desayuno nos ponemos en marcha cargadas de energía.

Desde el Peñón do Castro bajamos a la playa de Soesto.

Soesto es una preciosa playa de arena fina y blanca, bastante abierta, lo que la hace muy atractiva para los amantes del surf.

A estas horas tempranas de la mañana nos la encontramos desierta, sin demasiado oleaje, iluminada por los primeros rayos del sol. Un espectáculo hermoso para comenzar la jornada.

Playa de Soesto from Toñi Caseiro (Marieta) on Vimeo.

Abandonamos la playa por la pasarela de madera y continuamos la ruta por una pista bastante cómoda. Desde la Punta do Catasol echamos la vista atrás para ver los faros del camino ya recorrido (el de Laxe y antes el del Roncudo).

Este “pequeñín” nos regala sus trinos a cierta distancia.

Pardillo común (Linaria cannabina)

Pardillo común (Linaria cannabina)

Seguimos fascinadas por el paisaje que encontramos a cada paso. Pequeñas calas como la del Castrallón.

Y otras un poco más grandes como la playa de Arnado. Ya distinguimos también a lo lejos la gran playa de Traba y la localidad de Camelle.

Llegamos al interesante espacio natural de Traba, formado por la playa y la laguna. Este arenal espectacular, de 2650 metros de longitud, posee un complejo dunar que lo separa de la laguna de un enorme valor ecológico.

Dejamos atrás la pequeña aldea de Mórdomo y la playa de Traba. A partir de aquí el paisaje vuelve a cambiar y a sorprendernos.

Polluelo de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros)

Este tramo hasta llegar a Camelle, llamado O Cuello da Señora, está jalonado por formaciones de rocas que el viento y el mar han ido modelando de forma caprichosa. Atravesando pequeñas calas entre piedras llegamos a Punta Corbeiro.

Esta gaviota parece haberse hecho amiga de Gloria y nos observa curiosa desde su atalaya.

Seguimos caminando siempre atentas a las “señales verdes”.

Asombradas ante la variedad de formas y tamaños de estas grandes piedras de granito.

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Al llegar al llamado Coído da Señora hacemos una pausa en el camino. El calor comienza a apretar y sucumbimos a la tentación de despojarnos de la ropa y sumergirnos en las aguas transparentes de esta preciosa cala.

Pequeños placeres que nos hacen sentir privilegiadas, estas pausas son una delicia. Tras el baño vigorizante nos ponemos de nuevo en marcha.

Crepis

Una última y curiosa cala antes de llegar a Camelle, el llamado Coído de Sabadelle formado por grandes bolos de granito.

Llegamos a Camelle, el “Camiño dos faros” entra por su playa y nos parece el lugar ideal para hacer la pausa del “bocata”. Sentadas en el murete del arenal desplegamos mesa y mantel y enseguida se suman al festín unos invitados inesperados de largos bigotes y mirada penetrante…

Atravesamos la playa y entramos en el paseo marítimo de esta villa de marcada tradición marinera. En Camelle se estableció una compañía de salvamento conocida como “Barbeito y cia”, que además se dedicaba al desguace de barcos hundidos. Y es que este pueblo fue uno de los lugares de Costa da Morte donde más naufragios se produjeron. Pero hablar de Camelle es hablar también de Manfred Gnädinger, el filósofo y artista alemán que llegó aquí en los años 60.

Vivió como un anacoreta levantando alrededor de su austero refugio todo un espacio artístico único, su jardín – museo al aire libre, creado con los restos que depositaban las mareas.

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Dada su sintonía con la naturaleza y su amor por el mar, la tragedia del Prestige que afectó gravemente a su obra, lo sumió en una profunda tristeza de la que no pudo recuperarse.

Nos despedimos de Camelle, avanza la tarde y seguimos camino.

Saliendo del pueblo nos despide esta tarabilla común (Saxicola rubicola)

Un par de kilómetros más y llegamos al pequeño pueblo de Arou, atravesamos su preciosa playa de aguas tranquilas.

Salimos de la playa por la pequeña pasarela de madera y nos desviamos a la derecha para tomar la senda de la Ensenada de Xan Ferreiro que termina en el mirador. Hacemos nueva pausa para disfrutar de la vista y tomar fotos.

La siguiente playa que nos vamos a encontrar es la de Lobeiras. Una pequeña playa con rudimentarias casetas que sirven de abrigo a los pescadores.

Estamos llegando al final de nuestra etapa, tan sólo nos restan un par de kilómetros por recorrer. Es un tramo algo complicado por las rocas y lo sinuoso del sendero.

Más pajarillos nos salen al encuentro, como este precioso escribano.

Escribano montesino (Emberiza cia)

La proximidad de la meta del día y la indudable belleza del paisaje nos animan a realizar el último esfuerzo.

Por fin llegamos a Porto de Santa Mariña, el pueblo más marinero de Camariñas. Descansamos en su playa mientras aguardamos por el taxi que nos llevará de nuevo a nuestro hotel en Laxe. Ha sido una etapa preciosa.

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